Un reciente y exhaustivo análisis del CSIS ha puesto de manifiesto la tensa intersección entre la práctica espiritual y la estrategia política en Asia Central, subrayando que el destino del Tíbet es hoy uno de los puntos más críticos de la geopolítica mundial. El informe detalla cómo el gobierno chino intenta cooptar la institución de los “Lamas reencarnados” para consolidar su control sobre el Tíbet, transformando una tradición espiritual milenaria en una herramienta de legitimación estatal. Para la Administración Central Tibetana, esta interferencia representa una violación sin precedentes a la libertad de conciencia. Su Santidad el Dalai Lama ha sido enfático en que su sucesión es un asunto puramente religioso que debe decidirse fuera del control político, basándose en las tradiciones budistas y la voluntad del pueblo tibetano. Sin embargo, Beijing ya ha establecido marcos legales para reclamar la autoridad final sobre el reconocimiento de altos lamas, lo que presagia una crisis de legitimidad dual en el futuro. En Amigos del Tíbet – Chile, observamos con preocupación cómo la defensa de los Derechos Humanos se ve comprometida cuando un Estado intenta dictar los dogmas de una fe que no le pertenece. Este conflicto no es solo una disputa interna; es una colisión de visiones de mundo donde el Camino del Medio propone una coexistencia pacífica y autónoma, mientras que la geopolítica de la potencia ocupante busca la asimilación total. La importancia de este análisis radica en que nos recuerda que la supervivencia de la cultura tibetana depende de la integridad de sus instituciones religiosas. Si el mundo permite que la política dicte quién es un líder espiritual, se sienta un precedente peligroso para todas las comunidades de fe a nivel global. El informe del CSIS hace un llamado a la comunidad internacional para que apoye de manera unánime el derecho exclusivo de la comunidad budista tibetana a elegir a sus propios líderes, blindando este proceso de la manipulación geopolítica que busca silenciar la identidad de un pueblo que solo anhela paz y autonomía cultural.
La religión como “Soft Power” y herramienta de control
El informe resalta que China no solo busca controlar el territorio, sino también el alma del Tíbet. Al intentar controlar la reencarnación, el Estado busca crear un liderazgo dócil que valide sus políticas. Esta táctica de “sinización” del budismo es una afrenta directa a la herencia que Su Santidad ha protegido durante décadas en el exilio.
Implicancias internacionales de la sucesión
La estabilidad de la región del Himalaya depende en gran medida de la resolución de este conflicto. La comunidad internacional, liderada por países defensores de las libertades civiles, debe reconocer que la sucesión del Dalai Lama es un test de fuego para la vigencia de los Derechos Humanos en el siglo XXI. No actuar ahora es aceptar que la fuerza política puede suplantar a la fe espiritual.
Desde Amigos del Tíbet – Chile apoyamos la autonomía cultural del pueblo tibetano.
Fuente original: Center for Strategic and International Studies (CSIS)
